jueves, 12 de diciembre de 2013

Experiencias en el ministerio – Reflexión

Está demás decir que el ministerio pastoral adventista no es igual al ministerio de las iglesias protestantes en general, no obstante, hay principios básicos que pueden asemejarse. En ese sentido comparto con ustedes un artículo interesante que bien podría ser de mucha ayuda para nuestro ministerio. A continuación las reflexiones tal como se presenta en Blog Para Líderes:


Te invitamos a leer esta reflexión que nos comparte nuestro colaborador Julio Cruz acerca de su experiencia en el ministerio y como de estas experiencias y situaciones ha podido aprender.
Aquí te van algunas cosas que he aprendido en estos años de ministerio. Espero te sean útil.
1. No tomes el ministerio como una carrera profesional
Si has considerado que el ministerio es como una labor en lo secular, en la que tú tienes que hacer carrera y así te irán reconociendo los demás para llevarte al máximo puesto. Mejor cambia de ‘profesión’.
No puedes olvidar que el ministerio no es una carrera en la que empiezas como maestro de escuela dominical, para luego ser líder de jóvenes, y luego evangelista, para luego ser pastor y terminar siendo apóstol. ¡No!, el ministerio es un llamado, no una carrera. No es para estar donde tú piensas que debes estar, sino para estar donde el Señor ha pensado que estés.
2. A las personas no les gusta seguirte
Cada año que pasa esto se hace más y más obvio. Las nuevas generaciones no desean ser guiados, aunque ellos dicen manipulados. Y por más cursos de liderazgo que tomes, descubrirás que muchos no quieren seguirte. Y eso es ¡excelente!, porque tú trabajo no es lograr que te sigan o hagan lo que tú les digas, tu labor es hacerlos pensar, meditar y que deseen hacer algo para el Señor y seguirle a Él.
3. Muchos no se van por causa tuya
Muchas de las personas que se alejan de la iglesia te culparán. Pero la verdad es que ellos no se van por causa tuya, se van porque están enojados con Dios, o porque han decidido no renunciar a algo en sus vidas, o porque alguien más los convenció de alejarse de la iglesia, etc. Así que nunca tomes nada de manera personal. Siempre ora y bendice a todos, incluso aquellos que hablen mal de ti.
4. Cuida tu agenda
El ministerio es demandante, y cada vez te exigirá más y más actividades o involucramiento. Pero, ten mucho cuidado, mantén tu agenda bien planeada. Aquí te van algunos tips: Ten muchos tiempos dedicados para intimar con el Señor; ten tiempos dedicados a tu familia (y no los toques aunque te llamen); y después de estas dos áreas distribuye las actividades de la iglesia y también pon tiempo para descansar.
5. Cuida a tu familia
Esto es muy importante. Debes anteponer tu familia al ministerio. Tu familia es tu primera iglesia. Nos lo predicaron, lo hemos predicado, pero pocas veces lo hacemos. Pasamos más tiempo involucrado en la iglesia, en consejería, y poco tiempo conviviendo con la familia o aconsejándoles
a ellos. Enseñando en congresos, pero pocas veces enseñando a nuestra pareja, hijos o padres. Sirviendo a otros en la iglesia, pero pocas veces sirviendo en la casa: lavando trastes, arreglando el jardín, levantando el cuarto, etc.
Si no cuidas a tu familia, la iglesia no lo hará por ti. Si me dices que Dios cuidará de tu familia, entonces te diré ¿por qué crees que Dios te puso allí? Para que tú seas el instrumento de cuidado. Aparta tu tiempo para tu familia y no se las quites.
6. Siempre habrá alguien que te haga la vida de cuadritos
Lo digo porque generalmente esperamos que por estar sirviendo al Señor, por estar haciendo nuestro mejor esfuerzo siempre, las personas deberían agradecerlo, querernos o al menos comprendernos; pero no es así. Muchas veces no te agradecerán, no valorarán lo que hagas, pero lo que sí es seguro es que siempre habrá alguien que te sacará canas verdes.
Un buen líder siempre tendrá que lidiar con alguien así. De hecho, no llegarás a ser un buen líder si no sabes lidiar con personas así. Porque entonces no estás listo para ‘amar incondicionalmente’ a todos como predicas. O a bendecir incluso a los que te maldigan, como has predicado.
7. Los títulos impresionan, pero no a quienes deberías
Es tan fácil caer en el error de buscar impresionar a los demás con nuestros títulos, logros, números, éxitos, etc. Si tú buscas un título (Licenciatura, Maestría, Doctorado, etc.) para impresionar a los demás, te recomiendo que lo compres, sirve para lo mismo. Porque esos títulos no te servirán para cuidar, guiar y dirigir a las personas que Dios ha puesto a tu cuidado.
Y tengo que aclarar que no me refiero al conocimiento adquirido en el proceso de alcanzar el título. Siempre te será útil.
8. Ten cuidado con el orgullo
Mantente siempre enseñable, busca siempre aprender de alguien más.
Recuerda que llegó el tiempo en que sabías lo necesario para proclamar el Evangelio; hoy tú sabes más de lo que sabías cuando iniciaste; mañana sabrás muchísimo más de lo que hoy sabes y tu experiencia en el ministerio será magnífica, pero nunca llegará el tiempo en que sepas todo lo que la Biblia tiene que enseñar.
9. Cuida tu salud
Estoy comenzando a llegar a la edad de los ‘nunca’. Nunca me había enfermado así, nunca me había pasado esto. Nunca había tenido este malestar en el cuerpo. ¡Sí!, joven fui pero estoy avanzando y cada año que pasa mi cuerpo se vuelve más débil. Por tanto, debo cuidarme más.
¡Qué feo!, pero muchos cuidamos más nuestro automóvil que nuestro cuerpo. Lo mandamos al mecánico tantito hace un ruido, pero nosotros no vamos al médico cuando algo anda mal. Cuida tu salud, y máximo si eres joven.
10. Ora y lee
Cada mañana dobla tus rodillas y ora. Pero ¡hazlo! Y después de orar lee tu Biblia. ¿Crees que es tonta mi recomendación? Te responderé con otra pregunta: ¿Tienes una idea de cuántos líderes y hasta pastores conozco que en su vida han leído la Biblia completa? Tengo contacto con muchos líderes y pastores, y desde hace 19 años que soy cristiano y aún no llego a 15. ¡Sé tú uno más de mi lista! Lee tu Biblia y ora.
11. Los problemas en el grupo es algo bueno
Muchos hemos pensado que un grupo o iglesia saludable es no tener problemas. Yo he experimentado que no es así. De hecho, cuando no hay problemas en el grupo es cuando estoy seguro de que algo anda mal, porque no hay comunión. Porque cuando hay comunión, cuando los integrantes del grupo comienzan a relacionarse, a tratarse, habrá problemas porque no piensan igual, habrá diferencias, discusiones, confrontaciones, etc.
Sólo en medio de las diferencias es donde puede surgir unidad. Solo en medio de los problemas es dónde se puede descubrir lo que está mal. Así como la temperatura alta revela que hay algo malo en el cuerpo, los problemas nos ayudan a ver lo que hay mal en el grupo.
12. Te van a lastimar
Y en más de una ocasión, por tanto, debes aprender a perdonar. Primero, porque esas heridas te pueden ayudar a bendecir a otros, si lo dejas en manos del Señor, no puedes olvidar Romanos 8:28. Y por otro lado, muchas de las personas que te han herido también han buscado cambiar y mejorar, así que bendícelos y pide al Señor que les ayude siempre.
Escrito por – Julio Cruz
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